Estar en los 20s es incómodo…
Todavía no sos adulto, pero ya no sos un adolescente. Tenés muchas responsabilidades, pero todavía estás desarrollando las habilidades para poder hacerte cargo de ellas. Y es muy confuso TODO.
Lo que pensabas que tenías claro en la secundaria ya no está tan claro, y te das cuenta de que no existe un “plan”.
Mientras tanto, las redes sociales empeoran todo, porque nadie quiere aceptar que no sabemos qué 💩 estamos haciendo. Pero la realidad sin filtros es que nadie tiene las cosas tan claras como parece.
Acá van algunas de las crisis de los 20s que seguro te pasaron, o te están pasando ahora
1. Querer irte del país cada vez que tenés una semana complicada

A veces solo necesitás cambiar de aire y salir de la rutina. Ayuda conocer gente nueva, lugares nuevos, comida nueva… algo nuevo. Hacer algo distinto.
Porque cuando llevás mucho tiempo viendo las mismas paredes, los mismos problemas y las mismas preocupaciones, es normal fantasear con agarrar una valija y desaparecer por un rato. Y aunque mudarse a otro país seguro es tentador, probablemente no sea la solución mágica para todos tus problemas, pero qué bien se siente pensarlo.
2. Sentir que todos avanzan más rápido que vos

Tu ex compañero está trabajando en el extranjero, otro se acaba de recibir, otro se acaba de casar. Otros parecen tener cinco años de experiencia laboral con apenas 23 años. ¿Y vos? Seguís tratando de descubrir qué querés hacer con tu vida sin colapsar en el intento.
Las redes tienen una habilidad especial para hacernos sentir atrasados porque siempre vemos los logros de los demás, pero rara vez vemos sus dudas y miedos. No se publican los rechazos. Las veces que cambiaron de camino, los trabajos que no consiguieron o los planes que no salieron. Vemos el resultado final.
Enfocate en tu proceso que nunca estamos tan atrasados como pensamos.
3. La presión por aprovechar el tiempo TODO el tiempo

Querés aprender 5 idiomas, hacer cursos, viajar por el mundo, emprender, ahorrar, entrenar, tener vida social y descansar. Todo al mismo tiempo.
El FOMO por querer vivirlo todo nos consume, pero estamos en el inicio de nuestras vidas. Tenemos tiempo para probar todo y para cambiar de camino las veces que sean necesarias. A no desesperarse. Hay que amigarnos con el proceso, tenemos la suerte (o la mala suerte) de que nadie llega a la meta de un día para el otro.
Un día vamos a ser productivos y otros días no; un día nos vamos a sentir súper bien con nosotros mismos y otros días no tanto. Y todo es parte del camino. Estamos en eso.
4. Pensar que ya deberías tener todo más claro

Spoiler: Muchísima gente sigue cambiando de idea. Hay personas que descubren su vocación a los 30. Otras que cambian completamente de carrera, se mudan de ciudad, de país, o vuelven a empezar de cero.
Nunca tenemos todo claro. No se trata de tener todas las respuestas; se trata de animarte a vivir cosas nuevas y descubrirlas.
La versión tuya que aparece cuando viajás
Cuando cambiás de contexto, aparecen versiones tuyas distintas a las del día a día.
- Más sociable: te permitís charlar con desconocidos que nunca más vas a volver a ver.
- Más espontáneo: improvisas un poco en cada destino, hacés un free tour y ves a dónde te lleva el día.
- Más independiente: porque a veces no queda otra. Viajar te da ese espacio donde ponés a prueba habilidades que en tu zona de confort no eran necesarias.
Y, sobre todo, dejás de sentir tanta presión por cumplir con la imagen que los demás tienen de vos. Muchas veces no se trata de convertirte en otra persona, se trata de descubrir partes tuyas que todavía no habían tenido la oportunidad de aparecer.
Las experiencias que más te cambian empiezan exactamente así: sin tener todo claro. Porque crecer no se trata de tener todas las respuestas, se trata de animarte a dar el próximo paso.
Si en el fondo sabés que lo que necesitás ahora mismo es un cambio de aire para reencontrarte, no le des tantas vueltas. El mundo es demasiado grande como para quedarte en el mismo lugar sintiendo la misma duda.
Charlemos y encontrá tu experiencia